Con el bonito comentario de una lectora de Guadalajara, el cual se agradece por este medio, pensé que hace milenios que nadie se ocupa de este exitoso blo. Por eso y muchas cosas más, hoy es un buen día para poner mi post del mes.
Hoy, mientras repasaba el capítulo "Glúcidos" de mi curso gratuito de Alimentación y nutrición (sí, porque YO SÍ YA ME QUIERO JUBILAAAARRR), pensé en una "perra" (como dicen los gachupines, no como lo decimos nosotros) que no me ha dejado desde hace años.
Recordarán que aquí mucho lloré y hartas gotas de sangre sudé hace años para hacerle unos buenos molletes a la víctima en turno de aquellas épocas, ¿se acuerdan? ¿Se acuerdan que vi mil maneras de hacerle unos molletes decentes al perro café? Con decentes me refiero a tostados y a la vez gratinados. En aquellas épocas me dijeron que eso sólo lo lograba con un hornito eléctrico, "mismo" que se me volvió una obsesión.
Por aquellos entonces me era prácticamente imposible comprar un méndigo hornitos de a 3 pesito, porque andaba yo jodida jodida como para gastar en eso. Había que pagar la lavandería de sábanas tres o cuatro veces por semana, los juguetitos setsuales, las avituallas pa los muchos chous que di en esa época y etc. Tons no había lana pal hornito eléctrico, ni para hacer unos molletes caseros decentes. Los que pude hacer una noche de aquellas fueron una basca que me demostró una de dos cosas: que el hombre aquel realmente me quería o que realmente llegaba acá con un hambre de perro bailarín. No tiene caso decir con qué respuesta me quedo, pero el chiste es que mi "perra" con los molletes no tuvo fin... hasta hoy.
Ni siquiera la adquisición de mi maravilloso iPhone mereció aquí una entrada, pero mi hornito eléctrico y mis primeros molletes, eeeeeeeso sí que sí!!!
Hoy fui a la Comer, no al súper, y lo vi, ahí todo pequeño y barato, y dije "Vaaaaaa". Más aún porque ahora que ya soy amita de casa de cocina, me hace haaaarta falta el aparato ese. El hornito, pues.
Sólo llevaba 500 varos en efectivo, y 20 pesos pa mi tatsi de regreso. No más. El méndigo aparato costaba 504 pesito... Shiaaaaaleeeee!
Pos ni modo, mi oxeción estaba a tope y tuve que darme a la tarea de hacer lo que mucho hice de estudiante de la Facultad de Filosfía y Letras: pedir dinero para una buena causa.
Así que di varias vueltas por el mercado ese, vigilando, siguiendo a mis víctimas ideales: señoras mayores y de vista adineradas. Y ¡zaz! aposté el madrazo. A cada una le pedí un pesito pa completar pa mi hornito porque no traía varo. "Por fis, doña, es que no traigo mi tarjeta. Y mire que me urge porque debo llegar a cocinar cena para 7 y ps ni cómo...". "Es que, reinitia, no calculé que costara tanto un hornito. Mire mire mire mi bolsito... no traigo más que el billete de 500". "Ándele, señora, le juro que le pago el pesito ahora que nos volvamos a ver por aquí, que siempre vengo a comprar mi despensa". "Ps nooooo, mi lady, cuál galán!!! No hay galán que suelte un quinto en estas épocas, o qué, ¿a usté sí le sueltan varo para el gasto?". Y así.
Junté 10 pesito, suficientes pa completar pal hornito, másaparte dos bolillos para hacer los molletes. Los frijoles ya los tenía hechos.
Llegué en chinga a desempacar e instalar. Y a darle. Primero probé con otros cocimientos: unos champiñones y un pavo asado para el lonch de mañana y así.
Al final, me dispuse a lo mío: los molletes. Corté el pan, unté los frijolitos, les puse tocino y cubrí con lonjas de queso manchego. Los metí al horno fijándome cuidadosamente en las instrucciones (para esto ya me había puesto sendas quemadas con las parrillas y el caldo del pavo, porque eso de usar agarraderas como pa qué). Y puse el toast rogándole a toda mi corte celestial que no me quedara una basca.
Y cuáaaaaaal tú!!!! Quedaron rebién!!!! MIS MOLLETES!!! MI HORNITO ELÉCTRICO!!!!
Helos ahí:

Eeeeeeh! Soy feliz feliz feliz!
Ahora, sí, a comer, pero no quería dejar pasar tiempo para mi post.
Salebaaaaaaaiii!